Champagne & Pierre Pérignon, el poder del marketing estratégico

Champagne & Pierre Pérignon, el poder del marketing estratégico

Dic 30, 2016

Aprovechando nuestra visita al vignoble de Champagne, en El Gourmet Digital vamos a dedicar el siguiente artículo a la historia del Champagne, comenzando por los recientes cambios geopolíticos en la región.

A continuación nos sumergiremos en esta fascinante bebida de la región de Champaña (Francia). Todo ello sin desmerecer los interesantes “cavas”, elaborados mediante el método tradicional bajo la D.O.P Cava, o la nueva ola de espumosos gallegos, destacando que éstos últimos no son una novedad ya que la hemeroteca nos muestra su existencia en el último cuarto del XIX y en el primer tercio del XX.

 

Un poco de historia…

La Champaña (del latín campus) fue una antigua provincia francesa, organizada en torno al condado de Champaña y que sirvió de base para la constitución de la mayor parte de la actual región de Champaña-Ardenas por la reforma administrativa establecida por sendos decretos de 1789 y 1790, durante la Revolución francesa. Agrupaba una parte de las antiguas provincias de Champaña, Argonne y del principado de Sedan. Como te habrás percatado hablamos en pasado, ya que el 1 de Enero de 2016 se produjo una nueva reforma territorial por la que se fusionaron las regiones históricas de Alsacia, Lorena y Champña- Ardenas y Champaña, dando lugar a la región administrativa Gran Este.

 

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Vignoble de Champagne

 

Durante la Edad Media, Champaña ya era una región de renombre en Europa Occidental debido a las conocidas como ferias de Champaña, un ciclo de ferias comerciales que concentró el intercambio de mercancías entre las ciudades del norte de Europa y los centros italianos.

 

Origen del Champagne

La historia -o mejor dicho los franceses- construyeron lo que en marketing conocemos como una “storytelling” de éxito cuyo protagonista fue Pierre Pérignon (1638-1715) un entregado monje benedictino que dedicó su vida a la elaboración de vino en el sótano de la abadía de Hautvillers. Cuenta la leyenda que un día, por casualidad, una oportuna segunda fermentación iluminó al religioso, regalándonos un innovador producto de características sin igual, el vino espumante fermentado. Y todo ello en una bella e histórica región francesa, Champagne. Ideal.

Abadía de Hautvillers

Abadía de Hautvillers

 

Como la historia no sería completa sin la validación de la calidad del producto por prescriptores, a falta de The Abadia Wine Advocate en la época, el panel de cata estuvo integrado por un equipo de religiosos que acudieron prestos ante la exclamación de Pierre “¡Venid pronto, estoy bebiendo las estrellas!, aludiendo a las burbujas producidas por la fermentación del vino en la botella. Todo ello con método de elaboración propio, el famoso método champenoise. 

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En realidad, existen evidencias históricas de la existencia de precursores de vino espumoso, hecho razonable aunque sólo fuese porque sería improbable que ese tipo de reacciones fermentativas no se hubiesen producido y testado con anterioridad – sobre todo en climas fríos con parada de la fermentación- a lo largo de la extensa historia del vino.

Cabe recordar que hace 2.000 años los romanos ya procuraban meter burbujas dentro del vino y elaboraban petillant, un vino ligeramente efervescente en el que se percibe la presencia de pequeñas burbujas de carbónico. No obstante, fue Dom Pierre Pérignon el artífice del método para dominar las burbujas superando los dos problemas principales 1) lograr que el gas no se saliera de la botella y 2) que esta no estallase debida a la alta presión ya que en aquella época las botellas eran de un cristal fino de baja calidad.

En contraste, la historia también nos cuenta la lucha de enólogos – incluyendo al propio Don Pérignon- para extraer las burbujas del Champagne. No obstante, la demanda del novedoso producto por parte del mercado inglés promovió este tipo de vino, por lo que es probable que sin esta demanda no conociésemos el Champagne tal como es hoy en día.

Aún así, gran parte del éxito y difusión de la tradicional y exquisita bebida se debe a la entrañable historia de la Abadía de Hautvilliers y a la excelente campaña de marketing francesa -botella, corcho y cuidada imagen incluida- construyendo un producto reconocible a nivel mundial y asociado a celebración y prestigio. La historia también nos cuenta que el propio Luis XIV, el Rey Sol, coetáneo de Dom Pérignon, pedía a la abadía “el vino de color pajizo” del Padre Pérignon”.

Otro interesante debate, al que en El Gourmet Digital le dedicaremos un artículo, es la tendencia a consumir el Champagne después de las comidas, aspecto que afecta negativamente a su degustación y a los efectos sobre el organismo.

 

El champagne y la celebración

Otro elemento fundamental fue la asociación a producto de celebración y prestigio que en la actualidad aún conserva en el panorama mundial. A pesar de que ya hay zonas gastronómicamente evolucionadas donde se consume durante la comida o como vino de aperitivo, su relación con la fiesta sigue patente.

Las burbujas de la felicidad se derraman en escaparates internacionales como la Formula 1 y Moto GP, así como con exclusivos clubs de todo el mundo donde he presenciado como clientes, en pleno ejercicio de celebración y ostentación, vaciaban botellas de Moët & Chandon o Laurent Perrier sin consumir una sola gota.

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Paradójicamente, el binomio Champagne & Celebración tiene su remoto origen siglos antes de su “invención” oficial a finales del XVII. Fue el año 498 cuando se llevó a cabo el bautismo de Clodoveo I (no confundir con Ludovico Pío, hijo de Carlomagno, que en 816 eligió Reims para su consagración como emperador). Clodoveo fundó la primera dinastía de reyes de Francia, la dinastía merovingia y fue bautizado por el obispo Remigio en Reims, ciudad que siglos más tarde se convertiría en cuna del champagne.

A partir del año 498, Reims fue tradición para la coronación de los reyes, festejos en las que el vino era protagonista. Tras convertirse el champagne, ya comienzos del siglo XVIII, en el producto representativo de la región, tuvo un puesto destacado en las grandes celebraciones y, por tanto, fue asociado a dispendio, distinción y boato. Todo ello independientemente de que la revolución francesa -que se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de estado de Napoleón Bonaparte en 1799-  terminase con la monarquía. 

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A título anecdótico, aún recuerdo el fin de año de 2008, en Nueva York. En el Hotel Hilton nos sirvieron, con la entrada del año, además del champagne Moët & Chandon, un cava de una conocida marca española, Freixenet. Como me llamó la atención, me documenté sobre los inicios y evolución de la marca en EE.UU, constatando que su entrada en el mercado estuvo facilitada por su botella negra, aspecto que sedujo a un importador en principio reticente, ya que la asoció a diferenciación y elegancia. Una vez más, podemos ver como en cuestiones de penetración en mercados internacionales la realidad supera a la ficción e incluso, en algunos casos, a elaboradas estrategias.

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Como podemos apreciar en todos estos ejemplos, la importancia del marketing, la comunicación y la construcción de imagen de marca es fundamental.

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Y esta es la historia del origen, desde el prisma de las poderosa maquinaria del marketing, del mítico champagne y su método champenoise. Como podemos apreciar, basada en una sólida y sostenida campaña de imagen, a la que se le añade una atractiva storytelling, más que en una realidad histórica bien documentada.

Moët & Chandon, Veuve Clicquot, Laurent Perrier, Perrier Jouët, Pol Roger o la extravagante Piper-Heidsieck. Millones de botellas se abren al año en todo el mundo y decenas de miles se derraman sin degustar una sola gota. Mientras tanto, en nuestro país estamos inmersos en plena guerra entre administración, consejo regulador y varios de los 159 municipios -algunos en provincias como La Rioja, Badajoz, Zaragoza y Valencia- donde se puede elaborar vino gaseoso por el método tradicional, bajo la DOP Cava. Para reflexionar.

Desde El Gourmet Digital os deseamos un próspero año, lleno de interesantes catas y burbujas de felicidad.

 

 

Abraham Muinelo

IWS Consultores

 

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